Desde hace algunas décadas estamos viviendo un resurgimiento de los valores femeninos. Este resurgimiento está tomando muchas formas: desde la defensa de algunos derechos anteriormente vetados para la mujer; pasando por la conciencia de sororidad, unión y fraternidad entre mujeres; así como un aumento progresivo de la conciencia por el medio ambiente y la naturaleza. La naturaleza, en sí misma, refleja cualidades femeninas: es cíclica (lo vemos en las estaciones), sabe de los procesos de muerte renacimiento, cambiante (meteorología), es generosa (ofrece sus frutos)…todo ello cualidades de lo femenino.

Es importante aclarar que en cada persona, tanto si es hombre como mujer, se expresan la energía y cualidades tanto masculinas como femeninas. En realidad, todo en el universo está compuesto de estos dos principios.

Desde la Astrología Psicológica, por ejemplo, estas cualidades se simbolizan por el Sol y la Luna (Eloy R. Dumon, Manual de Astrología Moderna, 2004), y también por Venus y Marte. Todos nacimos bajo el influjo de todos los planetas que conforman nuestro sistema solar, por lo tanto estas energías operan en nuestro psiquismo con independencia de nuestro género.

Algunos autores, mencionan el principio de expansión y contracción como los básicos que conforman el universo. (Teoría del Big Crunch) Otros hablan del impulso tierno y el impulso agresivo (Juanjo Albert, Ternura y Agresividad, 2014). Esta polaridad también la encontramos en el símbolo de Yin y el Yang.

Y, ¿qué significa este resurgimiento de los valores femeninos? En primer lugar, decir que algo re-surge es decir que algo vuelve a  aparecer. Por lo tanto, nos referimos más bien a una reconexión y una nueva toma de conciencia de lo femenino, en este caso.

Mucho se ha hablado de la cultura del patriarcado como una forma de concebir al mundo y a los seres humanos desde la perspectiva masculina, que se ha fundamentado en la hegemonía del hombre y de las cualidades masculinas por encima de la figura de la mujer y lo femenino. Una forma de funcionar basada en unos valores de lo masculino distorsionado o mal utilizado: la fuerza u opresión en algunos casos, el uso- y abuso- del poder, así como capitalismo han sido sus garantes. Bajo el patriarcado, el rol de lo femenino se ha quedado, cuando menos, en un segundo plano y con él los valores de cooperación, fraternidad, escucha, empatía, solidaridad, ternura y cuidados….Estos han sido desplazados y/o sustituidos por características de dominación (distorsión del poder), de competitividad, dureza, vivir por objetivos y logros, y desconectados del cuerpo. Ello ha hecho que el ser humano se desconecte en buena parte de su corazón, de su parte blanda -que no débil-, de su vulnerabilidad. Enfrentándose a sí mismo y a los demás con corazas, duras y fuertes, de protección, cuya consecuencia ha sido el vivir cada vez más aislados. Tansolo tenemos que observar: ¿qué ha hecho el ser humano con la naturaleza? En la  respuesta a esta pregunta podemos encontrar las claves de cómo opera un organismo (o sociedad) en donde impera la mente (principio masculino) sobre el cuerpo (femenino), y cuáles son sus consecuencias.

Algunas mujeres, en nuestra necesidad de ser reconocidas y sentir un lugar de pertenencia, nos hemos desconectado y hemos rechazado nuestros dones y nuestro cuerpo, sustituyéndolo por el desarrollo de la eficacia y los méritos en el mundo laboral. Nos hemos desconectado de la confianza en la abundancia, y hemos optado por competir, por creer que no había para todos/as

Desconectarnos de lo femenino nos empobrece tanto a hombres como mujeres.

Lo femenino dice: coopera, suma, acoge, respeta los tiempos, ten paciencia, cuídate y cuida. Es amable y nutritivo. Alimenta sus vínculos. Es inclusivo, no exclusivo.

¿Podemos imaginar un mundo así? ¿Qué podemos hacer para incorporar más lo femenino en nuestras vidas?

Por ejemplo, podemos empezar por ir más a la naturaleza. Observarla y abrirnos a ella. Reconocer que somos hijos e hijas de ella. Restablecer el vínculo con ella. Enraizarnos. Sentirla… Podemos observar y conocer más nuestro cuerpo y sus necesidades. Escuchar nuestras emociones y darles expresión constructiva. Podemos habitar un poco más nuestra vulnerabilidad…sabernos vulnerables nos abre también la puerta a la compasión, a poder reconocer el dolor y sufrimientos ajenos. Si me veo, te puedo ver….y podemos así sentir la importancia de tratarnos bien, de reconocernos, apreciar nuestro valor, cada uno de nosotros con lo que es.

El camino de lo femenino pasa por abrir el corazón a la vida con toda su gama de colores. Ir derritiendo esas corazas, que han querido protegernos y pueden a momentos acabar por secarnos…anestesiarnos…y que acabemos siendo unos desconocidos para nosotros mismos y para los demás.

Necesitamos, claro está, de lo masculino. Necesitamos de un masculino protector, que sea sostén para la expresión y creación de vida, que concrete en acciones, que construya…pero no que destruya. Y para eso es necesario volver a la madre. A la madre naturaleza. Todos nacemos de una madre (biológica). Así que volver a la madre tiene el potencial sanador para todo ser humano. Y así, para la sociedad. Sociedades construidas desde una base de armonía, de equilibrio entre los seres humanos, pueden nacer si antes es posible armonizar los dos principios en cada uno en particular.

Conozcámonos, abrámonos, reconozcámonos, incluyámonos, cooperemos…

y juntos sumaremos.

Carolina Vázquez

Psicóloga (col. 20256) y terapeuta Gestalt

Facilitadora del grupo regular Circulo de Mujeres en Cercle de Conciencia Tarragona www.centretarragona.es

Terapeuta en Cercle Consciéncia Tarragona

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