En el último encuentro del grupo regular de terapia Gestalt dedicamos la sesión a las emociones a partir del libro divulgativo de Marcelo Antoni “Las 4 emociones básicas”  y de las investigaciones de Humberto Maturana. 

Hablamos de ellas, del miedo, la alegría, la tristeza, la rabia. Soltamos ideas para ir reflexionando e invitar a la autoexploración: las emociones como una información íntima, del momento, que nos mueve a expresarnos, a escucharlas: “Sólo cuando las emociones son atendidas de verdad pueden ser sostenidas y transformadas en energías útiles que expresen nuestras necesidades y nos ayuden a guiarnos por la vida”, dice Josh Korda, estudioso del Dharma.
También vimos que las emociones vienen a pares, que nunca vienen solas o en estado puro, y se complementan. 
Hablamos de la emoción negada (aquella que no nos permitimos ni vemos en nosotros y por tanto no sabemos gestionar y la expresamos neuróticamente utilizando otra).

También hablamos de la emoción fijada (la que define el carácter) y que de alguna forma nos acompaña como música de fondo.

Finalmente, descubrimos cómo disfrazamos las emociones (por ejemplo el miedo o la tristeza a menudo se disfrazan de rabia); y nos paramos a darnos permiso, a sentir lo que sentimos, aprender a reconocerlo para luego poderlo gestionar de forma adecuada respondiendo a nuestra verdadera necesidad, sosteniendo la emoción sin ponernos de víctimas ni dejándonos arrastrar por ella; la importancia de darle expresión a nuestro campo emocional justamente para evitar quedarnos atrapadas en ellas, y transitarlas.

Para Maturana, el amor, amar, es el modo de relacionarse en el cual el otro no tiene que disculparse por Ser y se da por tanto un espacio en el que aparece lo que tenga que aparecer. El otro/a es un legítimo otro/a. 

Según Maturana, la sociedad, las primeras sociedades, se fundaron en el amor. Es a partir de la necesidad de coordinarse, y colaborar para organizarse entre los miembros de una familia y entre familias para la crianza de los hijos/as y para la supervivencia que empezaron a descubrir la necesidad del lenguaje (lenguajear), coordinarse, colaborar y hacer cosas juntos. 

De ahí, pensamos que el amor es una emoción. Otra cosa es la manipulación emocional, que se da cuando adoptamos actitudes neuróticas de victimismo, dominación, posesión… entonces es importante el trabajo emocional con todo el cuerpo, observando cómo tenemos emociones nucleares que siempre llevamos de fondo y que también llamamos emociones fijadas, que funcionan en nosotros como una música de fondo mientras transitamos por todas las demás. Darse cuenta de cómo las emociones negadas nos generan bloqueos corporales y por tanto neuróticos y notarlas en el cuerpo, validarlas, darles expresión y salida es el trabajo que estos días proponemos en las sesiones del grupo regular Gestalt.

Finalmente, propusimos a las alumnas un ejercicio experiencial de exploración de las emociones. Marcamos en el suelo de la sala 5 espacios, uno para la rabia, otro para la tristeza, otro para el miedo y otro para la alegría y un quinto espacio sin nombre. Invitamos a las alumnas a transitar cada uno de los espacios, dejarse sentir y evocar la emoción en sus diferentes aspectos: cómo es pensada la emoción, cómo es sentida, cómo es expresada, como es respirada, comodidades, incomodidades, resistencias,…, y en el quinto espacio la invitación era a fluir con lo que surgiese.

Para una de las participantes ese quinto lugar fue un lugar de paso, al que no le dio más  importancia, un lugar de  tránsito de una emoción a otra.

Para otra de las participantes aquel lugar representó el vacío, la nada, un lugar que le resultó incómodo por desconocido (ahí apuntamos el concepto gestáltico de vacío fértil, cuando una se deja estar y se respira en la incomodidad de ese vacío, que tiene que ver también con dejar atrás antiguos patrones, ahí es donde nace también la posibilidad para que aparezca lo nuevo). 

Finalmente, una tercera persona ese lugar lo describió como la calma, la serenidad, un lugar de paz, un estado de meditación.
Aquí  podemos ver reflejadas 3 etapas del proceso gestáltico o de toma de consciencia hasta llegar a poder contactar con un espacio de desidentificación con la mente, donde no soy lo que pienso o lo que me pasa, donde simplemente soy y desde ahí puedo sonreír a todo a mi alrededor (lo que el budismo llama la sonrisa interior y lo que Tolle llama el “Ser”), un espacio donde desaparece el ego, el sufrimiento, la necesidad de llenar y dónde se puede simplemente estar sintiéndose en paz una y a la vez, atenta y formando parte del todo. 

El proceso constituye un todo en sí y cada etapa es necesaria para que pueda darse la siguiente, pudiéndose dar idas y venidas entre ellas en función de la situación y sobre todo de la conexión de la persona con ella misma en ese momento.

Tina Riba de Castellarnau y Juan Manuel Fernández (Terapeutas del Grupo Regular de Terapia Gestalt de Cercle Tarragona).

Para más información sobre el Grupo Regular: 685 645 871 / tinariba@gmail.com

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